Oración a la corte chamarrera

La oración a la corte chamarrera invoca la protección y ayuda de los santos y ángeles en momentos de dificultad. Fortalece nuestra conexión con lo divino y busca su guía en nuestras vidas.


La oración a la corte chamarrera es una poderosa invocación a los santos y ángeles para recibir su protección y ayuda en momentos de dificultad. En esta oración, nos dirigimos a la corte celestial, compuesta por los arcángeles y santos, para solicitar su intercesión y obtener su gracia. Chamarrera se refiere a la corte celestial, que es conocida por su poder y sabiduría en la resolución de problemas y conflictos. A través de esta oración, buscamos fortaleza espiritual y guía divina en nuestras vidas.


Oh poderosa corte chamarrera, nos dirigimos a ustedes con humildad y reverencia. Sabemos que ustedes son los mensajeros de Dios y los intercesores entre el cielo y la tierra. En este momento de necesidad, les pedimos que nos acompañen y nos guíen en nuestro camino. Que su luz divina ilumine nuestras mentes y corazones, y que su fuerza nos sostenga en tiempos de dificultad.



Arcángeles y santos, escuchen nuestras súplicas y ruegos. Conocen nuestras luchas y desafíos, y confiamos en su poder para ayudarnos. Intercedan por nosotros ante el trono de Dios, para que podamos recibir su gracia y misericordia. Que su presencia nos proteja de todo mal y nos guíe hacia el camino de la verdad y la justicia.


Encomendamos nuestras vidas y nuestras necesidades a su cuidado amoroso. Que su sabiduría nos guíe en la toma de decisiones y que su amor nos llene de paz y esperanza. Que podamos sentir su presencia en cada momento de nuestras vidas y confiar en su poder para transformar nuestras dificultades en bendiciones. Amén.


La oración a la corte chamarrera puede ser leída diariamente, como una forma de fortalecer nuestra conexión con lo divino y buscar su guía en nuestras vidas. Puede ser complementada con prácticas de meditación y reflexión, para profundizar en la experiencia espiritual.

  Oración para alejar malos espíritus allan kardec